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¿Cómo afrontar la tristeza?

afrontamiento de la tristeza

La tristeza es el sentimiento negativo caracterizado por un decaimiento en el estado de ánimo habitual de la persona, que se acompaña de una reducción significativa en su nivel de activación cognitiva y conductual. La experiencia subjetiva de la tristeza oscila entre la congoja leve y la pena intensa propia del duelo o de la depresión.

El factor determinante para diferenciar tristeza e ira es el convencimiento que tiene la persona sobre la posibilidad de hacer algo o no con vistas a la recuperación de la meta o a la neutralización del estado aversivo. Cuando la valoración cognitiva lleva al sujeto a colegir que no existe plan alguno que le permita restablecer la meta perdida, entonces la emoción concomitante será la tristeza. Si se colige que sí, será la ira. La tristeza empuja al abandono de la meta o a su sustitución por otra, mientras que la ira se centra en su recuperación.

Principales características de la emoción de tristeza

Los rasgos más relevantes del proceso emocional de la tristeza los siguientes:

  • El resultado de la evaluación debe ser de pérdida o fracaso de una o más metas.
  • La pérdida o daño no debe ser necesariamente de carácter permanente.
  • La pérdida puede no ser personal sino afectar a otros allegados a nosotros.
  • Las metas con respecto a las que se evalúa la pérdida pueden tener diferente proyección temporal.
  • Debido a estos y otros factores, la experiencia subjetiva de la emoción de tristeza (su sentimiento) variará considerablemente tanto en intensidad como en duración. Estos parámetros oscilarán entre una tristeza leve y de corta duración y una melancolía intensa y perdurable, que puede tener consecuencias patológicas en la personas que la sufre (depresión clínica y suicidio).

Uno de los efectos cognitivos que provoca esta emoción es la atenuación de la atención hacia el ambiente y, a la sazón, su orientación hacia el medio interno. Esta medida procura al individuo un cierto aislamiento estimular, que le permite rechazar eventos emocionales que por su difícil manejo, generan tensión y dan pie a la emergencia de la tristeza. Además este estado de relativo confinamiento favorece la autoevaluación y la reflexión sobre la situación problema.

Asimismo, influye también sobre los procesos de pensamiento de la persona: se asocia con una menor propensión a utilizar juicios heurísticos y, en su lugar, a guiarse por procedimientos rígidos y estereotipados. Cuando el contexto aporta evidencia de que el plan de acción clásico no siempre es útil, entonces el individuo atribulado modifica sus estrategias, adoptando esquemas de pensamiento más flexibles y novedosos.

Afrontamiento de la tristeza

La tristeza tiene una función de protección y restauración frente a amenazas procedentes del exterior. No es malo sentirse triste. Solo lo es, como en todo, cuando se sitúa en los extremos de su espectro de manera continuada. Por tanto, cuando hablamos de su afrontamiento hablamos de los métodos que ponen en práctica estas funciones, que fundamentalmente son tres: retraimiento, moderación funcional e impacto social.

  • Retraimiento. La persona triste tiende a replegarse sobre sí misma y aislándose de forma relativa del resto del contexto de manera que facilita la puesta en marcha del resto de medidas de afrontamiento. Con esta conducta reservada la persona desconecta del resto de comportamientos planificados y ahorra energía para intentar solucionar el conflicto que le ha llevado al estado de tristeza. Por este motivo, estar triste en parte es el primer paso para resolver el problema que hay llevado a ese estado emocional. Además, esta conducta favorece la modulación de algunos procesos cognitivos que mantienen el estado de acantonamiento, por ejemplo reduciendo nuestra atención sobre otros estímulos menos importantes en ese momento.
  • Moderación funcional. Con la tristeza se atenúa el funcionamiento general de la persona ya que el acontecimiento que la provocó fue una situación de conflicto (miedo, ira, ansiedad…) por lo que el organismo necesita calmarse de alguna manera. La tristeza reduce los niveles altos de activación tanto cognitiva como física. Esta desaceleración cognitiva permitirá rendir mejor en el análisis de lo sucedido e invertir más tiempo en la resolución del problema.
  • Impacto social. Cuando una persona está triste ejerce un efecto catalizador sobre el apoyo social y afectivo de los demás. Se genera más fácilmente empatía con una persona triste y es más piadoso prestarle atención. El sentimiento de melancolía nos hace más propensos a buscar alivio y apoyo a través del contacto social.  Esto no sucede siempre así. En ocasiones la persona triste se retrae completamente y rehúye de manera extrema del contacto social. Este último caso sucede cuando la situación de conflicto afecta de manera directa a la autoestima de la persona; y a su imagen social que la persona quiere dar sobre sí misma.

Tristeza patológica

La tristeza extrema adopta siempre un cariz incapacitante, frecuentemente dando forma a un cuadro psicopatológico de alta prevalencia, la depresión. El aspecto afectivo más destacable de esta patología es el sentimiento de melancolía profunda; junto con la incapacidad para experimentar placer alguno (anhedonia), impregna tanto los procesos mentales de la persona como su interacción con el medio. La persona se instala en una actitud pesimista y un desinterés que alcanza a todos los ámbitos de su vida.

La reflexión mental se lleva a cabo de forma lenta y costosa, y se dedica preferentemente a la elaboración de contenidos negativos, que giran en torno a sentimientos de desánimo e incapacidad. La atención y la concentración disminuyen de forma notoria, básicamente como resultado del desinterés, la falta de motivación y el bajo nivel de activación.

Se produce, además, una afectación de los ritmos biológicos, alteraciones del sueño y del apetito. Efectos fisiológicos como dolores de cabeza, ausencia de menstruación, estreñimiento, palpitaciones y sensación de cansancio crónico.

Bibliografía

Domínguez, F.S. (2003) La alegría, la tristeza y la Ira. En Emoción y Motivación: la adaptación humana Vol. I Editorial Centro de Estudios Ramón Areces

 

Iván Pico

Director y creador de Psicopico.com. Psicólogo Colegiado G-5480 entre otras cosas. Diplomado en Ciencias Empresariales y Máster en Orientación Profesional. Máster en Psicología del Trabajo y Organizaciones. Posgrado en Psicología del Deporte entre otras cosas. Visita la sección "Sobre mí" para saber más. ¿Quieres una consulta personalizada? ¡Escríbeme!

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