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Efecto Schadenfreude: sentirse alegre por el mal ajeno.

schadenfreude

El efecto Schadenfreude hace referencia al regocijo que sentimos cuando otros cometen un error o los vemos fallar. No en vano, los videos graciosos que más triunfan son los que nos enseñan caídas o golpes de terceras personas. Sentimos cierta alegría por la desgracia ajena. ¿Somos por eso malas personas?

¿Qué significa Schadenfreude?

La palabra Schadenfreude proviene del alemán y no existe una traducción en español de la misma, quizás nos de vergüenza definir este tipo de sentimiento y no se ha querido ni lexicalizar. Un tanto hipócrita porque no pasa nada por describir una emoción que cumple ciertas funciones adaptativas y no nos hacen peores personas, siempre y cuando no sobrepase los límites normales, claro está. La palabra alemana se compone por un lado de “schaden” que significa desgracia o daño y por otro “freude” que significa alegría por lo que la traducción más parecida en español sería la de regodeo o alegría malsana.

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El efecto Shadenfreude se relaciona a menor escala con el sadismo, que es la tendencia por sentir placer cuando se infringe un daño a otra persona. En este efecto solo se siente cierto placer, pero sin llegar a realizar el daño con nuestras propias manos.

¿Por qué nos alegramos de las desgracias ajenas?

Las emociones cumplen funciones de adaptación al entorno por lo que este sentimiento de alegría por la desgracia ajena debe tener también un porqué adaptativo.

  • Sentimos alivio. En cierto modo, cuando sentimos que otra persona sufre un daño nos estamos asegurando de que el daño no lo estamos sufriendo nosotros y nuestra supervivencia se perpetúa. En cierto modo es un sentimiento egoísta, pero debemos pensar que lo que más queremos es a nosotros mismos. En el mundo animal si un grupo de cervatillos está escapando de un ataque de unos leones, si uno de esos cervatillos se tropieza el que conseguirá sobrevivir es el que no lo hace por lo que debería sentir cierto alivio y alegría por ese mal ajeno. Selección natural.
  • Somos envidiosos. Si nosotros no somos capaces de conseguir aquello que nos gustaría tener inconscientemente (o no) tampoco nos gusta que otra persona lo tenga. Existen personas muy envidiosas en las que surge el efecto Schadenfreude como justificación de sus creencias hacia otra persona: si yo no lo tengo tú tampoco. En el fondo si no hemos sido capaces de realizar algo nos comparamos con otras personas y si éstas tampoco lo han conseguido o han fracasado alivia nuestra frustración inicial porque nos iguala a la media.
  • Baja autoestima. Relacionado con lo anterior si tenemos una baja autoeficacia percibida y nuestros niveles de autoestima son bajos el hecho de ver a otras personas que tampoco son capaces de superarse a sí mismos nos equipara a ellos y sentimos que nuestro nivel de autoestima se encuentra a niveles parecidos a los de los demás.
  • Rivalidad. Es muy común que aficionados de un equipo se alegren de las lesiones de jugadores de su máximo rival, ¿no es eso un poco cruel? Lo que sucede es que el equipo rival al que nos comparamos ha sufrido una baja y eso nos beneficiará en el futuro. Es algo parecido a lo que explicamos ya sobre la sensación de alivio cuando se compite por un mismo objetivo, como en el caso de los cervatillos que compiten por sobrevivir ante el ataque de un león. Si mi equipo no tiene bajas y el rival sí, es más probable que mi equipo gane. Eso gusta.
  • Restablecimiento de la justicia. Cuando vemos que una persona que no tiene un buen comportamiento moral, ético o incluso trasgrede normas le sucede algo malo nos alegramos de su mal ya que consideramos que se lo merece. Es nuestra manera de vengarnos por algo malo que otra persona ha hecho ya sea a nosotros o a otras personas. Si por ejemplo, a Donald Trump le sucediese algo malo es probable que mucha gente se alegrase.

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Una de las consecuencias de un sentimiento agravado o excesivo de regodeo por el mal ajeno puede desencadenar a posteriori sentimientos de culpa por el hecho de habernos alegrado de de un daño, sobre todo cuanto más grave sea ese daño. Por fortuna, la naturaleza es sabia y también existe otra emoción opuesta, la compasión, la cual mostramos precisamente un mayor acercamiento empático hacia la persona que sufre una desgracia.

Si alguna vez has sentido este tipo sentimiento no te preocupes, nos pasa a todos en cierto grado. ¿En qué situaciones te has sentido alegrado por una desgracia ajena?

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Sobre el autor

Iván Pico

Graduado en Psicología (UNED). Nº Colegiado G-5480. Diplomado en Ciencias Empresariales (USC). Máster en Psicología del Trabajo y las Organizaciones. (INESEM). Máster Universitario Oficial en Orientación Profesional (UNED). Posgrado en Neuromarketing (Universidad Camilo José Cela). Técnico Deportivo Nivel II, fútbol sala (RFEF). Especialista en Psicología Aplicada al Deporte. Etc, etc...
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