Curiosidades Música

¿Por qué Freud odiaba la música?

La música es arte, cultura y un motivo más para disfrutar de la vida. Ya lo decía Friedrich Nietzsche (1844-1900): “Sin música la vida sería un error”. ¿Opinaría lo mismo Freud? Actualmente la cultura ocupa solo una parte de nuestro tiempo libre, es una forma de ocio en vez de una parte más esencial de nuestras vidas. Ahora se comporta como un lujo para las sociedades occidentales, como ejemplo la subida del Impuesto de Valor Añadido (IVA) practicado en España sobre la cultura.

Para los amantes de la música, ésta nos acompaña allá a donde vamos ya sea trabajando, conduciendo, viajando, realizando las tareas del hogar o como musicoterapia para diversos problemas y trastornos. Muchos psicólogos consideran que la música ayuda a evadirse de la realidad. Quizás tengan razón en parte, pero como una de las funciones que cumple la música. Si has tenido un mal día y te pones tu lista de música favorita es una manera de “evadirse” del problema y disfrutar del momento musical. Lo que pasa es que los problemas tenemos que afrontarlos y no evadirlos, y así es como nos ayuda la música, nos acompaña en nuestra realidad más de lo que pensamos.

Freud odiaba la música

Sigmund Freud (1856-1939), padre del psicoanálisis, era una persona con una gran cultura. Era el primero de su clase y aprendió varios idiomas (hebreo, inglés, francés e incluso algo de español e italiano) de manera autodidacta. Freud tenía como autores favoritos a Shakespeare y Goethe e incluso le fue concedido el premio Goethe de literatura. Le encantaba la escultura y también la pintura. Sin embargo aborrecía la música. En su artículo “El Moisés de Miguel Ángel” reconoce que es incapaz de obtener placer a través de la música. ¿Por qué?

Freud estaba tan inmerso en su teoría psicoanalítica que ésta influía en sus referencias hacia los artistas. Una de las ideas freudianas principales es que el organismo busca constantemente la liberación de estímulos perturbadores. Para Freud, el sistema nervioso era el encargado de eliminar los estímulos externos e internos con la mayor prontitud posible.

Según Freud, el estado de ánimo ideal se basa en una tranquilidad que esté libre de toda tensión. Este estado de tranquilidad es el que representa un niño satisfecho. Es la interacción madre-hijo que se sucede cuando el hijo cae dormido con su madre tras saciarse en el pecho de su madre, es lo que se transmite después en la vida adulta cuando se alcanza el orgasmo sexual. Resumidamente, para Freud la primera fuente de placer es la satisfacción sexual. Seguramente Freud no soportaba la música por los recuerdos de la infancia que le producía.

Sin embargo, la cultura es opresiva y no permite expresar ciertos instintos que los humanos toleran con ciertas dificultades. La teoría freudiana dice que las personas al acatar los estándares de la civilización transforman los impulsos sexuales a expresiones no sexuales. Es un mecanismo de defensa.

Freud creía que los artistas tenían un mayor riesgo en convertirse en neuróticos debido a que todas las formas de arte se basan en ejercer la fantasía, lo cual implicaba apartarse de la realidad, supliendo con su forma de arte las actividades infantiles no superadas.

Un artista es, en esencia, un introvertido próximo a la neurosis. Se siente oprimido por unas necesidades instintivas en exceso poderosas. Anhela obtener honor, poder, riquezas, fama y el favor de las mujeres, pero carece de los medios para conseguir tales satisfacciones. En consecuencia, igual que cualquier otro hombre insatisfecho, se evade de la realidad y transfiere todos sus intereses, así como su libido, a las creaciones ilusorias de su vida de fantasía, lo cual puede llevarle a la neurosis.1

Freud consideraba su teoría sobre la naturaleza humana sobre dos instintos: el sexual y la supervivencia. Por este motivo, consideraba la creatividad como secundaria, ya fuese desde un punto de vista artístico o científico. Para el señor Freud, si la satisfacción sexual se pudiese alcanzar mediante una adaptación a la realidad mediante el uso del arte (incluida la música) resultaría inútil. Los artistas subliman su impulsividad a través de sus creaciones.

Freud apenas hizo referencias a la música en sus escritos. Su sobrino Harry Freud escribió en su libro “My Uncle Sigmund” (1956) sobre este hecho:

¡Despreciaba la música y la consideraba una mera intrusión! Por esa razón, la familia Freud era tan poco musical.2

Otros psiconalistas posteriores creían que los efectos emocionales de la música podrían ser explicados en términos de regresión. Es decir, la música podría ser la expresión de los primeros sonidos importantes en la relación íntima entre la madre y el hijo y de ahí que satisfaga en parte a las personas el escucharla. En este sentido, otro famoso psicoanalista, Pinchas Noy (1968), decía que la necesidad de algunos de sus pacientes en escuchar música es que los transporta a su periodo inicial de tranquilidad materna.

Podemos estar o no de acuerdo con las teoría freudianas pero lo que sí que parece evidente es que existe una satisfacción libre de tensiones, similar al vivido tras un orgasmo sexual. La música causa en las personas un estado de bienestar emocional, un estímulo emocional vinculado muchas veces al deseo de movimiento físico. Cuando la música deja de sonar, cuando sales de un concierto, o cuando termina tu canción favorita parece que entramos en un estado de tranquilidad y satisfacción, nos sentimos realizados y en paz. Lo mismo ocurre si presencias una actividad que te guste, como un partido de fútbol, se produce un estado de relajación. Sin embargo, es difícil comprobar que sea sustitutivo de la sexualidad, los estados de relajación están presentes en muchas más actividades de la vida humana.

El término de sentimiento oceánico del que hablaba Freud para las sensaciones de eternidad o infinidad sin ataduras, podría compararse con lo que describen algunos músicos al sentirse poseídos por la música, pero no produce una sensación de tranquilidad absoluta como el término que describía Freud.

¿Qué pensaría Freud si viviese hoy día y viese que existe el reguetton? Nada bueno seguro, y con bastante razón, por cierto 😉

¡Disfrutemos de la música!

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Referencias y bibliografía:

  1. Sigmund Freud, Introductory Lectures on Psycho-Analysis, en James Strachey y otros (comps.), Standard Edition, Londres, Hogarth Press, 1963, vol. XVI, pág. 376 (traducción al castellano: Introducción al psicoanálisis, Madrid, Alianza, 2005).
  2. Harry Freud, “My Uncle Sigmund”, 1956, en Freud as We Knew Him, edición e introducción a carto de Hendrik M. Ruitenbeek, Detroit, Wayne State University Press, 1973, pág. 313.
  • Freud, Sigmund. Three Eassays on Sexuality, en James Strachey y otros (comps.), Standard Edition, Londres, Hogarth Press, 1953, vol.VII, pág. 182(traducción al castellano: Tres ensayos sobre teoría sexual, Madrid, Diario El País, 2002).
  • Noy, Pinchas, “The Development of Musical Ability” en The Psychoanalytic Study of the Child, 1968, vol. XXIII, págs. 332-347
  • Storr, Anthony, “Music and the Mind”, Collins, Londres (1992). Traducción al castellano: La música y la mente, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona (2007) 

 

Sobre el autor

Iván Pico

Graduado en Psicología (UNED). Nº Colegiado G-5480. Diplomado en Ciencias Empresariales (USC). Máster en Psicología del Trabajo y las Organizaciones. (INESEM). Máster Universitario Oficial en Orientación Profesional (UNED). Posgrado en Neuromarketing (Universidad Camilo José Cela). Técnico Deportivo Nivel II, fútbol sala (RFEF). Especialista en Psicología Aplicada al Deporte. Etc, etc…
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