Salud

¿Qué es la reestructuración cognitiva?

reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva es una técnica cognitivo-conductual que consiste en que el cliente/paciente, con una primera ayuda del psicólogo terapeuta, intente identificar y cuestionar sus propios pensamientos desadaptativos para poder así sustituirlos por otros más apropiados reduciendo así el malestar emocional y sus consecuencias conductuales inapropiadas.

Reestruturación cognitiva: Identificando cogniciones y creencias.

En muchas casos el cliente no es consciente de que necesita explorar sus propias cogniciones por lo que debe ser entrenado para ello, por lo que se le debe instruir y aprenda a que:

  • Muchos pensamientos son automáticos e involuntarios.
  • Asegurarse de que se han identificado los pensamientos importantes que producen el malestar.
  • No confunda pensamiento con emoción (sentirse nervioso es una emoción, mientras que el pensamiento sería lo que generó el nerviosismo).
  • Reproducir de forma correcta el pensamiento concreto y especificarlo. No sirve solo con relatarlo de forma genérica.
  • Escribir los pensamientos de manera separada unos de otros.
  • Ser conocedor que existen pensamientos que no se pueden verbalizar sino que se producen en forma de imágenes.

Los pensamientos del cliente son las hipótesis a partir de las cuales se trabaja para recoger los datos retrospectivos y prospectivos necesarios que determinarán si esas hipótesis son las correctas o las causas del malestar generado. Durante este proceso de contrastación de hipótesis-pensamiento, el terapeuta no le formula directamente los pensamientos nuevos adaptativos al cliente de forma directa, sino que se realizan una serie de preguntas y diseña tareas conductuales a modo de experimentos para que sea el propio cliente el que evalúen esos pensamientos negativos y llegue a la conclusión sobre la utilidad de los mismos.

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Por tanto, las cogniciones negativas del cliente son cuestionadas de dos formas verbalmente y conductualmente.

Cuestionamiento verbal.

En el cuestionamiento verbal se analiza de manera lógica la información aportada de las experiencias previas tanto propias como de terceros. Estrategias:

  • Debate didáctico. El terapeuta proporciona información al cliente. Ya puede ser información desconocida por el mismo (psicoeducación) o bien proporcionar información que puedan corregir esas ideas irracionales. De esta manera, se abre un proceso de debate entre terapeuta y cliente en el que se reargumentan pensamientos y comportamientos teniendo libertar el cliente de discutir y emitir opiniones propias sobre los mismos.
  • Diálogo socrático. En este caso el terapeuta cuestiona los pensamientos del cliente haciéndole preguntas que le hagan reconsiderarlos. Se entrena al propio cliente a hacerse a él mismo esas preguntas de manera que pueda realizar evaluaciones críticas de sus propios pensamientos. El terapeuta pregunta más que responde para que las palabras que cuestionen las creencias erróneas salgan del propio cliente. Este método podría seguir estos pasos:
    1. Examinar los datos aportados.
    2. Examinar la utilidad del pensamiento negativo.
    3. Suponer que el pensamiento es cierto.
      1. Identificar qué pasaría si se sucedieran la nueva cognición.
      2. Buscar qué se podría hacer para afrontar la nueva situación.
    4. Extraer conclusiones.

reestructuración

Cuestionamiento conductual.

En este caso, se proponen al cliente experimentar las situaciones que desencadenan los pensamientos negativos para cuestionarlos de manera empírica, por ejemplo exponiéndolo a una situación real. Los mejores cambios y más duraderos se consiguen utilizando este método tanto a nivel cognitivo, afectivo como conductual. Este cuestionamiento conductual debe realizarse en paralelo al verbal para que se retroalimente el uno del otro.

En el cuestionamiento conductual se generan predicciones específicas a partir de los pensamientos negativos del cliente para diseñar las experiencias y demostrar así si esas predicciones se cumplen o no poniéndolas a prueba. Esto guiará al cliente hacia el autodescubrimiento de la irracionalidad de sus propios pensamientos negativos.

Podemos diferenciar dos tipos básicos de experimentos que cuestionen pensamientos:

  • Experimentos activos: el cliente deja de hacer o hace de modo deliberado  una situación y observa lo que sucede.
  • Experimentos de observación. En este caso el cliente no es el actor del suceso sino que solo lo observa y recolecta información. Útiles cuando el experimento activo es más amenazante para el cliente o se requiere recopilar información previa antes de realizarlo de forma activa. Esto se puede realizar de tres formas: observación directa de otros casos, encuestas, información de otras fuentes.

La reestructuración cognitiva combinada con otras técnicas se ha mostrado muy eficaz dentro de las terapias cognitivo-conductuales. Eso sí, su realización es compleja y requiere de un buen conocimiento del trastorno o acontecimiento a tratar y de una gran velocidad y creatividad para mantener una interacción fluida entre el cliente y el terapeuta.

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Bibliografía: 

Bados, A., Garcia-Grau E. (2010). La Técnica de la Reestructuración Cognitiva. Falcutat de Psicologia, Universidad de Barcelona. 

Sobre el autor

Iván Pico

Graduado en Psicología (UNED). Nº Colegiado G-5480. Diplomado en Ciencias Empresariales (USC). Máster en Psicología del Trabajo y las Organizaciones. (INESEM). Máster Universitario Oficial en Orientación Profesional (UNED). Posgrado en Neuromarketing (Universidad Camilo José Cela). Técnico Deportivo Nivel II, fútbol sala (RFEF). Especialista en Psicología Aplicada al Deporte. Etc, etc...
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