Sí. En un juego de preguntas para parejas, casi uno de cada cinco “sí” que marcan los hombres va acompañado de vergüenza. Y en muchas actividades, ellos y ellas no dicen que sí con la misma frecuencia.
¿De dónde salen estas cifras?
Los datos vienen de Privé, un juego de preguntas para parejas de mujer y hombre. Cada persona valora por separado las mismas actividades íntimas, sin ver las respuestas de la otra. Hay cuatro opciones: “Definitivamente no”, “Si a mi pareja le interesa”, “Sí, aunque me da vergüenza” y “¡Me encanta!”. La segunda es un sí condicionado, algo como “no es lo mío, pero lo haría por ti”, y no cuenta como rechazo. Las cifras, actualizadas el 21 de octubre de 2026, reúnen 11 278 parejas y 158 993 respuestas. Son datos de un juego, de personas que eligieron jugar. No sustituyen a un estudio científico y conviene leerlos con esa reserva.
Casi uno de cada cinco “sí” masculinos va con vergüenza
Entre los hombres, el 18% de los “sí” es un “Sí, aunque me da vergüenza”; el 82% restante, un “¡Me encanta!”. La proporción cambia con la intensidad: en las actividades más suaves es del 16% y en las más explícitas llega al 24%. Las mujeres eligen el “sí” con vergüenza un poco más a menudo en todos los niveles, así que la diferencia entre sexos existe, pero es pequeña. La imagen del hombre que siempre sabe lo que quiere y lo pide sin rodeos encaja mal con que casi uno de cada cuatro de sus “sí” a las actividades más explícitas llegue con vergüenza.

Parte de la explicación es el miedo al rechazo, que no distingue entre hombres y mujeres. Pedir algo concreto en la cama expone: si la respuesta es no, quien pidió se queda con la sensación de haber mostrado demasiado. En muchos hombres se suma la expectativa de ser quien lleva la iniciativa y quien ya sabe, y con ella decir “esto me gustaría, pero me cuesta pedirlo” se vuelve más difícil que callar.
Dos listas distintas: lo que ellos quieren y lo que ellas quieren
De las 112 actividades del juego, en 61 los hombres dicen “sí” claramente más a menudo que las mujeres. En 10 ocurre lo contrario. En las 41 restantes la diferencia es demasiado pequeña para afirmar nada. Es decir, en más de la mitad de las actividades uno de los dos sexos dice que sí con más frecuencia, y hay diez en las que ellas dicen que sí más a menudo que ellos.

Por eso, suponer lo que quiere la otra persona a partir de lo que “se supone” que quieren los hombres o las mujeres es poco fiable. Lo que ella da por hecho que él no quiere puede estar en su lista, y al revés.
¿Y si los dos quieren lo mismo y ninguno lo dice?
El 25% de las parejas tiene al menos una actividad que los dos quieren y en la que los dos respondieron “Sí, aunque me da vergüenza”. Una de cada cuatro parejas comparte un deseo que los dos marcaron con vergüenza. Es fácil que cada uno espere a que empiece el otro.
Cómo empezar la conversación
No hace falta tener un problema para hablar de esto; basta con querer algo más. Algunas formas de empezar:
– Hablar en tercera persona. Una escena de una serie o una pregunta del tipo “¿tú crees que a la gente le gusta esto?” permite tantear sin exponerse del todo. Si su pareja recoge el tema, la conversación ya empezó.
– Cambiar la pregunta. En lugar de “¿qué te gustaría hacer?”, prueben con “¿qué te daría vergüenza pedirme?”. La primera pide una confesión; la segunda da por sentado que la vergüenza existe y la trata como algo normal.
– Dejar que un juego pregunte por ustedes. En Privé cada uno responde por separado y el juego solo muestra aquello a lo que los dos dijeron que sí; lo que quiere solo uno nunca aparece, así que nadie queda expuesto. La primera partida es gratis y va en el navegador, sin aplicación ni cuenta.
– Escribir antes de hablar. Cada uno de ustedes anota tres cosas en un papel y después los intercambian. Leer lo que el otro quiere resulta más fácil que oírlo, y escribirlo cuesta menos que decirlo en voz alta.





Añadir Comentario