Educación

Escribir para pensar mejor: beneficios psicológicos y cognitivos de la escritura

Ayer tuve la fortuna de volver a colaborar con la Cadena Ser de Lugo. En esta ocasión querían que hablase sobre los beneficios de la escritura sobre nuestra cognición y pensamiento crítico. Es un tema muy interesante por lo que acepté y puedes ver fragmentos de esa entretenida charla en este enlace que tenía como objetivo visualizar una excelente actividad de promoción de la escritura entre los adolescentes de Lugo.

Cuando pensar deja de ser automático: el valor de parar a escribir

Vivimos en una época en la que pensar parece automático, lo cual nos convierta en cierto modo en una especie de marionetas autómatas, como escribí en este fragmento de artículo hace ya quizás 20 años. Me viene genial redactar sobre este tema pasados tantos años y en la sociedad actual ya que a mi desde la adolescencia escribir me supuso una forma de pensar. Sí, a veces hablamos que es una forma de expresión, que también, pero fundamentalmente entiendo escribir como una forma de pensar.

Consumimos información constantemente, reaccionamos rápido y damos por hecho que sabemos lo que sentimos y lo que opinamos. La inmediatez de la información exige inmediatez de la respuesta y eso va en declive del pensamiento crítico. La pregunta siempre será más importante que la respuesta, porque es la que nos hace activar nuestro mecanismo de pensamiento racional. No me canso de repetir esto y usarlo de manera aplicada en sesiones de psicología, charlas y conferencias de diversas temáticas.

| Artículo relacionado: La pregunta como base del pensamiento crítico

Sin embargo, hay una experiencia muy común que rivaliza esa idea: empezar a escribir… y descubrir que no teníamos tan claro lo que pensábamos.

Vivimos en un entorno cognitivo radicalmente distinto al de hace apenas dos décadas. La tecnología digital nos ofrece respuestas inmediatas, constantes y cada vez más accesibles, pero al mismo tiempo reduce el espacio necesario para formular preguntas. Diversos estudios recientes muestran que este ecosistema favorece la distracción continua y dificulta la atención sostenida, condiciones necesarias para el pensamiento profundo (Shanmugasundaram & Tamilarasu, 2023; Matthews et al., 2022). Incluso la simple presencia de un smartphone puede disminuir nuestro rendimiento atencional, sin necesidad de interactuar con él. A esto se suma que el uso habitual de dispositivos digitales tiende a promover respuestas rápidas en detrimento de la reflexión analítica. Algunos autores han descrito este fenómeno como una “paradoja de eficiencia”: tecnologías que optimizan nuestras respuestas a corto plazo, pero que pueden debilitar progresivamente nuestra capacidad de pensar, cuestionar y elaborar ideas por nosotros mismos.

Por eso es tan importante escribir, este hábito adquiere un valor especial. La escritura no es solo una forma de expresar ideas; es una herramienta para generarlas, organizarlas y comprenderlas. Desde la psicología y la neurociencia, cada vez hay más evidencia de que escribir tiene efectos profundos tanto a nivel emocional como cognitivo.

Escribir para entender lo que sentimos

Hay estados emocionales que no aparecen claramente en palabras. Son difusos, contradictorios o difíciles de explicar incluso para uno mismo. Escribir introduce una primera transformación clave: obliga a poner nombre a lo que antes era solo sensación. Nos hace analizar la situación y describirla, con nuestras palabras que son tan válidas como las de cualquier manual de estados emocionales. Lo importante no es acertar con el nombre sino con las palabras propias para interpretar la sensación que percibimos desde nuestra propia perspectiva personal.

Este proceso de etiquetado emocional no es trivial. Investigaciones en psicología han mostrado que describir por escrito experiencias emocionales puede reducir el malestar y mejorar el bienestar general. Los trabajos de James W. Pennebaker sobre escritura expresiva demostraron que escribir sobre experiencias personales difíciles se asocia con mejoras en salud física y mental.

Quizás lo más importante de este proceso de transcripción emocional es que que nos exige algo que escasea en el día a día: la pausa. Frente a la reacción inmediata, la escritura obliga a detenerse, ordenar y procesar. En ese espacio, la emoción deja de ser solo impulso y empieza a convertirse en comprensión.

Autoconocimiento: pensar sobre lo que pensamos

Cuando escribimos, no solo volcamos ideas: las observamos. Este cambio de posición es clave para el autoconocimiento personal, y no como vulgarmente se conoce este término, sino a autobservarse para aprender de lo que hacemos de manera más consciente. La escritura actúa como un espejo cognitivo que permite detectar incoherencias, matices o pensamientos que de otro modo pasarían desapercibidos.

En términos psicológicos, esto se relaciona con la metacognición, es decir, la capacidad de pensar sobre nuestros propios procesos mentales. Escribir favorece esta habilidad porque externaliza el pensamiento, haciéndolo visible y, por tanto, susceptible de análisis. Cuando nos preguntamos sobre lo que pensamos estamos activando nuestra propia autocrítica personal.

Algunos otros estudios han encontrado que la escritura no solo ayuda a expresar emociones, sino también a mejorar la claridad cognitiva y el insight personal (Klein & Boals, 2001). En otras palabras, no solo entendemos mejor lo que sentimos, sino también cómo pensamos. Y eso se transfiere a nuestra vida cotidiana para mejorar la resolución de conflictos y prevenir problemas futuros porque sabemos anticiparnos a ellos, porque somos conscientes de ello. Esto evita despertar emociones fuera de lo normal porque nos regulamos, porque cognitivamente estamos preparados para afrontar esos problemas o situaciones futuras.

Memoria y aprendizaje: escribir es procesar

No toda la información se recuerda igual. Desde la psicología cognitiva sabemos que cuanto más profundamente procesamos algo, mejor lo retenemos porque esa información pasa a ser más relevante, comprendida y emocionalmente ajustada. Este principio, conocido como niveles de procesamiento, explica por qué escribir es una herramienta tan potente para el aprendizaje: la palabra escrita.

Cuando escribimos, no copiamos pasivamente: seleccionamos, organizamos y reformulamos. Este último término, reformular, me parece muy interesante para tenerlo en cuenta con los avances tecnológicos actuales. Una inteligencia artificial nos puede dar una respuesta, tras una buena pregunta, pero la clave es saber reformularla. Por eso, las personas humanas seremos más eficientes a medida que nuestra capacidad de preguntar y reformular mejore. Porque respuestas tenemos todas las del mundo, acceso a toda la información mundial en segundos, pero lo importnate es reformularla adaptada a lo que queremos. Este esfuerzo cognitivo mejora la comprensión y la memoria. Un estudio clásico mostró que tomar apuntes a mano favorece un aprendizaje más profundo que teclear, precisamente porque obliga a procesar la información en lugar de transcribirla automáticamente (Mueller & Oppenheimer, 2014).

Es más, a mi mismo, ahora mientras escribo, percibo que mi cerebro lo está agradeciendo. Lo activo, le hago pensar que es lo que le hace progresar y abrirse a nuevas ideas. Cuando más lo haga más pensamiento divergente, más creatividad y más ideas o soluciones a otras tareas seré capaz de dar. Porque estoy entrenando al cerebro para ello.

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Ordenar el pensamiento para tomar decisiones

Pensar de forma clara no siempre es fácil, vivimos desbordados por miles de ideas y estímulos. Muchas veces las ideas aparecen desordenadas, mezcladas o incompletas. La escritura actúa como una herramienta de estructuración: obliga a jerarquizar, distinguir lo importante de lo secundario y construir una línea coherente. O al menos que lo sea para nosotros. No pretendas ser de repente un gran escritor de novelas con trilogías intrincadas, miles de personajes e historias increíbles. Hay mentes capaces de hacerlo, pero tu mente es la que será y los límites que puedas darle. Eso sí, la práctica hace la mejora. Eso está claro.

Al escribir, hacemos explícitos los criterios, las alternativas y las consecuencias, lo que reduce la ambigüedad y mejora la calidad del razonamiento. Por eso me parece increíble como las grandes escritores y escritoras son capaces de articular sus historias y seguir un hilo relacionado en un universo único. Increíble, pero repito, cada uno tiene su propio universo con sus propios personajes e historias que serán más o menos enredadas pero seguirán siendo historias.

Desde el punto de vista neuropsicológico, escribir implica la activación de funciones ejecutivas complejas, relacionadas con la planificación, la organización y el control cognitivo (Kellogg, 2008). Así que todo lo que hagas bienvenido será y activará tu neuroplasticidad que, seguramente, ayude a prevenir deterioros cognitivos relacionados.

Creatividad y cambio de perspectiva

Como venimos diciendo, escribir no solo organiza lo que ya sabemos: también permite imaginar lo que no habíamos considerado. La creación de historias, personajes o incluso la reformulación de una experiencia desde otro punto de vista estimula procesos creativos y de simulación mental.

Cambiar de narrador, por ejemplo, implica adoptar perspectivas distintas, lo que está relacionado con la teoría de la mente: la capacidad de comprender los estados mentales propios y ajenos. Investigaciones han mostrado que la exposición a narrativas y ficción puede mejorar la empatía y la comprensión social (Mar & Oatley, 2008).

Escribir para frenar: menos impulsividad, más pensamiento crítico

En resumidas cuentas, en un contexto dominado por la inmediatez, escribir introduce una fricción necesaria. No se puede escribir tan rápido como se piensa o se reacciona, y esa limitación es precisamente su valor. La pausa. La paciencia. Que tanto falta.

La escritura activa un tipo de pensamiento más lento y deliberado, lo que en psicología se ha descrito como el paso del pensamiento automático al reflexivo. Según el modelo de Daniel Kahneman, esto implica activar el Sistema 1 y Sistema 2, donde el segundo sistema es más analítico, consciente y crítico.

Este cambio permite evaluar mejor la información, cuestionar ideas previas y construir argumentos más sólidos.

La hoja en blanco como herramienta psicológica

Frente a las pantallas, que favorecen la velocidad, el estímulo constante y el consumo, la hoja en blanco representa algo distinto: un espacio de elaboración. Es un lugar donde el pensamiento no se limita a reaccionar, sino que puede desarrollarse.

Escribir no es solo una actividad creativa o académica. Es, sobre todo, una herramienta psicológica básica. Sirve para entender lo que sentimos, clarificar lo que pensamos y tomar decisiones con mayor conciencia.

Puedes escribir un diario personal con lo que te pasa, un relato, un cuento, una poesía, una novela, la tesis doctoral, una crónica de un concierto, un resumen o un comentario de texto. La temática o tipo de escritura será lo de menos, mientras exista ese procesamiento de la información que implique la pausa por ordenar y comprender las ideas que te estimulan, para generar nuevas ideas. Y así sucesivamente. Generar ideas desde un papel en blanco. O desde un ordenador. O desde un smartphone o tablet. Los lugares donde expresar ideas cambian pero el lugar donde se crean no: tu mente.

Quizá por eso ocurre algo tan simple y a la vez tan revelador: no sabíamos lo que pensábamos… hasta que lo escribimos, como dicen en el artículo de la Cadena Ser del que tuve fortuna de colaborar.

Yo un día decidí echarme a escribir en un blog, recuerdo que en los inicios de internet, ere mi refugio. Hoy tengo varios espacios de divulgación por medios escritos con miles de artículos, porque me sigue pareciendo la mejor forma de llegar. Es la forma de que lleguen a ti a través de la pregunta, de la inquietud, de la curiosidad de la información.

Tengo en mente ideas de escribir una novela o algún libro sobre psicología pero mientras tanto, simplemente seguiré escribiendo palabras. Por mi.

Referencias

  • Figl, K., & Remus, U. (2023). Thinking fast and thinking slow: Digital devices’ effects on cognitive reflection. Journal of Management Information Systems, 40(2), 580–623.
  • Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.
  • Kellogg, R. T. (2008). Training writing skills: A cognitive developmental perspective. Journal of Writing Research, 1(1), 1–26.
  • Klein, K., & Boals, A. (2001). Expressive writing can increase working memory capacity. Journal of Experimental Psychology: General, 130(3), 520–533.
  • Mar, R. A., & Oatley, K. (2008). The function of fiction is the abstraction and simulation of social experience. Perspectives on Psychological Science, 3(3), 173–192.
  • Matthews, N., Mattingley, J. B., & Dux, P. E. (2022). Media multitasking and cognitive control across the lifespan. Scientific Reports, 12, 4349.
  • Mueller, P. A., & Oppenheimer, D. M. (2014). The pen is mightier than the keyboard. Psychological Science, 25(6), 1159–1168.
  • Pennebaker, J. W., & Beall, S. K. (1986). Confronting a traumatic event: Toward an understanding of inhibition and disease. Journal of Abnormal Psychology, 95(3), 274–281.
  • Shanmugasundaram, M., & Tamilarasu, A. (2023). The impact of digital technology, social media, and artificial intelligence on cognitive functions: A review. Frontiers in Cognition, 2, 1203077.
  • Skowronek, J., Seifert, A., & Lindberg, S. (2023). The mere presence of a smartphone reduces basal attentional performance. Scientific Reports, 13, 9363.
  • Smyth, J. M. (1998). Written emotional expression: Effect sizes, outcome types, and moderating variables. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 66(1), 174–184.
  • Žnidarič, U., Štrumbelj, E., & Machidon, O. (2026). A review of the negative effects of digital technology on cognition. arXiv preprint.

 

Iván Pico

Director y creador de Psicopico.com. Psicólogo Colegiado G-5480. Graduado en Psicología. Diplomado en Ciencias Empresariales y Máster en Orientación Profesional. Máster en Psicología del Trabajo y Organizaciones. Posgrado en Psicología del Deporte y Entrenador Profesional de Futsal Nivel 3. Visita la sección "Sobre mí"para saber más. ¿Quieres una consulta personalizada? ¡Contacta conmigo en https://ivanpico.es/!