
El coche hace un ruido extraño desde hace unos días. No siempre ocurre y, de momento, sigue arrancando y circulando con normalidad. «La semana que viene llamaré al taller», pensamos. Pero llega el viernes, aparecen otras tareas y la llamada vuelve a quedar para más adelante.La escena resulta familiar para muchas personas. Sabemos que algo necesita atención, pero entre saberlo y actuar puede haber una distancia considerable. A veces faltan tiempo o dinero; otras, lo que pesa es no saber qué nos van a decir en el taller o cuánto costará la reparación.Cuando por fin decidimos ocuparnos del asunto, incluso la búsqueda de información puede resultar abrumadora. Si tenemos un SEAT Ibiza, por ejemplo, una página como https://avtopro.es/catalog/seat/ibiza/ permite consultar recambios para el modelo. Sin embargo, antes de elegir una pieza conviene contar con un diagnóstico y comprobar la compatibilidad con la versión concreta del vehículo.¿Qué ocurre durante esos días o semanas en los que sabemos que tenemos que hacer algo, pero seguimos aplazándolo?
Antes de buscar una explicación psicológica, conviene hacer una distinción. Una persona puede retrasar una reparación porque no encuentra una cita disponible, necesita reunir el dinero o depende del coche para trabajar. En esas circunstancias, la demora responde a obstáculos reales.La procrastinación aparece cuando posponemos una tarea que podríamos empezar, aunque sepamos que probablemente nos convendría hacerlo. No siempre consiste en evitarla por completo: también puede tomar la forma de buscar información durante días sin llegar a pedir una valoración o esperar a encontrar «el momento perfecto» para llamar.En la práctica, ambos tipos de obstáculos pueden coexistir. Quizá el presupuesto sea ajustado y, al mismo tiempo, nos resulte incómodo preguntar cuánto costará la reparación. Reconocer esa diferencia ayuda a buscar una solución más útil que repetirnos que debemos «ser más responsables».
Pedir cita parece una acción sencilla, pero puede abrir una cadena de preguntas: ¿será una avería cara?, ¿tendré que dejar el coche varios días?, ¿cómo llegaré al trabajo?, ¿entenderé lo que me expliquen?Si dejamos la llamada para mañana, esas preguntas desaparecen durante unas horas. El problema sigue ahí, pero sentimos un pequeño alivio porque ya no tenemos que afrontarlo en ese momento.La investigación ha encontrado una asociación entre procrastinación y emociones negativas como el estrés y la ansiedad. Una revisión y metaanálisis publicado en 2025 reunió estudios sobre esta relación; sus resultados muestran una asociación, aunque no permiten afirmar que una de estas experiencias sea siempre la causa de la otra. PubMedEn la vida cotidiana, esa relación puede convertirse en un círculo: la tarea genera malestar, la aplazamos y sentimos alivio; después recordamos que sigue pendiente y vuelve la preocupación.
Nuestro comportamiento también depende de cómo interpretamos lo que ocurre. Un ruido que aparece una vez puede parecernos accidental. Si vuelve a escucharse, pero no sucede nada más, empezamos a acostumbrarnos.La ausencia de consecuencias inmediatas puede dar una falsa tranquilidad: «Llevo dos semanas conduciendo así y no ha pasado nada». Sin embargo, que el coche siga funcionando no nos dice cuál es el origen del ruido ni si conviene reparar algo.Esto no significa que debamos interpretar cada sonido como una emergencia. Significa que no tenemos información suficiente para decidir solo por el hecho de que el vehículo todavía se mueve. Una consulta al taller puede servir precisamente para distinguir una incidencia menor de otra que requiere atención rápida.
«Tengo que arreglar el coche» es una frase que reúne muchas decisiones en una sola: encontrar un taller, explicar el problema, conseguir tiempo para llevarlo, pedir un presupuesto y decidir qué hacer.Vista así, la tarea puede parecer demasiado grande para un hueco de diez minutos. Y, como no tenemos una mañana libre, acabamos por no empezar.Una alternativa es formular el primer paso de manera concreta. Por ejemplo:
El objetivo no es completar toda la reparación en un día, sino saber qué acción toca ahora. Tener ese primer paso definido reduce la necesidad de volver a decidir cada vez que pensamos en el problema.
Para muchas personas, la parte más difícil no es llamar, sino afrontar la posibilidad de una factura elevada. Si el presupuesto familiar ya está ajustado, es comprensible que aparezca la tentación de no saber.Pero pedir información no obliga a aceptar una reparación en ese mismo momento. Podemos explicar el límite de presupuesto y preguntar qué se ha detectado, qué afecta a la seguridad y qué opciones existen.También es razonable solicitar que el presupuesto separe piezas y mano de obra, o pedir una segunda opinión cuando haya dudas. La información no elimina el coste, pero ayuda a tomar una decisión con datos más claros.Si el taller indica que existe un riesgo para la seguridad y que el coche no debe circular, la prioridad es seguir esa recomendación y buscar una alternativa de transporte mientras se resuelve el problema. No todas las tareas pendientes admiten el mismo margen de espera.
No hace falta esperar a sentirse motivado para empezar. A menudo resulta más útil preparar una acción pequeña y asociarla a un momento concreto.Por ejemplo, en lugar de decir «algún día pediré cita», podemos decidir: «Mañana, después del desayuno, enviaré al taller una descripción del ruido». La diferencia está en que la segunda frase deja claro qué hacer y cuándo.También puede ayudar reducir las decisiones previas. Si ya tenemos el número del taller guardado y hemos anotado el síntoma, llamar requiere menos preparación. Si preferimos escribir, un mensaje breve puede ser suficiente para iniciar la conversación.Otra estrategia consiste en compartir la tarea. Una persona de confianza puede ayudarnos a entender un presupuesto, acompañarnos al taller o pensar cómo reorganizar los desplazamientos durante la reparación. Pedir ayuda no significa que seamos incapaces de resolver el problema; significa que no tenemos por qué resolverlo todo solos.
Olvidar una cita o aplazar una llamada no convierte a nadie en irresponsable. Las tareas relacionadas con el coche se mezclan con trabajo, cuidados, gastos y preocupaciones que también requieren atención.En lugar de castigarnos por haber esperado, puede ser más útil preguntarnos: ¿qué es exactamente lo que me está frenando? Tal vez necesitamos información, un presupuesto, apoyo o simplemente unos minutos reservados en la agenda.La próxima vez que aparezca la idea «tengo que llevar el coche al taller», podemos cambiarla por una acción más pequeña: «voy a describir lo que ocurre y pedir una valoración». No resolverá toda la situación de inmediato, pero sí permitirá dejar de imaginar el problema y empezar a entenderlo.