
Caminar por el centro de Chivilcoy hoy es distinto a hacerlo hace apenas diez años. Los negocios de siempre siguen ahí, pero conviven con carteles de “aceptamos QR”, wifi gratis en las plazas y vecinos que resuelven trámites desde el celular sin salir de casa. La ciudad no dejó de ser la de siempre, pero algo cambió por dentro: la manera de trabajar, de comprar, de cuidar a los hijos y de entretenerse. Esa transformación silenciosa es la que vale la pena mirar de cerca.
Según el último censo, Chivilcoy tiene poco más de 70.000 habitantes en todo el partido, un salto notable frente a los cerca de 60.000 que se contaban a mediados de la década pasada. No es un crecimiento explosivo, pero sí sostenido, y eso se nota en la construcción, en el tránsito y en la cantidad de comercios nuevos que abren cada mes.Detrás de esos números hay algo más interesante: una ciudad mediana que empieza a comportarse, en varios aspectos, como una ciudad grande.
Hace una década, trabajar para una empresa de Buenos Aires o del exterior sin mudarse era casi una excepción en Chivilcoy. Hoy es cada vez más común. Diseñadores, programadores, contadores y traductores facturan desde su casa, desde un bar con wifi o desde algún coworking improvisado, y muchos manejan información sensible de clientes que viven a miles de kilómetros. Por eso, herramientas que antes sonaban lejanas —como los servidores VPN VeePN — empezaron a formar parte de la rutina de cualquiera que teletrabaja en serio. Un servicio como VeePN seguro permite cifrar la conexión y trabajar con más tranquilidad, ya sea desde el router de casa o desde el wifi público de una cafetería del centro. No hace falta ser experto en tecnología: basta con instalar la aplicación y activarla antes de conectarse.
El comercio también cambió de forma. Cada vez más chivilcoyanos compran por Instagram, piden delivery por WhatsApp o comparan precios en Mercado Libre antes de salir a la calle. Algunos hábitos nuevos se repiten en distintas generaciones:
Ninguno de estos hábitos reemplazó del todo al anterior; más bien se sumaron, y hoy conviven la caja registradora de siempre con el posnet y el link de pago.
Los negocios de toda la vida tuvieron que adaptarse rápido o quedar afuera. Panaderías, ferreterías y verdulerías que hace poco solo atendían de forma presencial ahora tienen catálogo en redes, toman pedidos por chat y hasta ofrecen envíos propios dentro del casco urbano.“Antes el boca en boca era todo. Ahora si no estás en Instagram, para muchos clientes jóvenes directamente no existís”, cuenta un comerciante del centro que empezó a vender por redes durante la pandemia y nunca dejó de hacerlo.
Las aulas también son otras. Muchas escuelas usan grupos de WhatsApp para avisos, plataformas virtuales para tareas y, en secundaria, es común que los chicos entreguen trabajos en formato digital. Eso trajo un desafío nuevo para las familias: cuidar lo que los hijos ven y con quién hablan online.Por eso, cada vez más padres en Chivilcoy configuran controles parentales y usan VeePN en los dispositivos de la familia, sobre todo cuando los chicos se conectan desde el celular fuera de casa, en la plaza o en lo de un amigo, donde el wifi no siempre es confiable.
Sacar un turno en el hospital municipal, pedir un certificado o pagar una tasa ya no obliga a hacer cola. Buena parte de esos trámites se resuelve online, y la pandemia aceleró un cambio que probablemente iba a tardar años en llegar a una ciudad de este tamaño.Todavía hay quejas por caídas del sistema o turnos que se agotan en minutos, pero la tendencia es clara: cada vez menos papel, cada vez más pantalla.
Moverse por Chivilcoy también es distinto. Aplicaciones de remises y encomiendas locales reemplazaron en parte al llamado telefónico de toda la vida, y algunos vecinos ya siguen en tiempo real el estado de un pedido o el recorrido de un colectivo.No es Buenos Aires, claro. Pero la lógica es la misma: menos espera, más información al instante, todo desde la pantalla del celular.
El entretenimiento también migró a lo digital. Streaming, videojuegos online y grupos de chat reemplazan, en parte, la salida al club de barrio de otras épocas. Al mismo tiempo, siguen firmes las fiestas patronales, los clubes de fútbol y las peñas, que ninguna pantalla logró desplazar del todo.Lo curioso es que muchas de esas actividades tradicionales hoy se organizan, se difunden y se venden por redes sociales, mezclando lo viejo con lo nuevo sin demasiado conflicto.
No todo es simple. La brecha digital sigue siendo real: hay barrios con conexión lenta, adultos mayores que necesitan ayuda para hacer un trámite online y comercios que todavía no dieron el salto. La transformación tecnológica de Chivilcoy avanza, pero no a la misma velocidad para todos.Sumado a eso, la ciberseguridad es un tema que recién empieza a instalarse en la conversación cotidiana, algo que en ciudades más grandes ya se discute desde hace años.
Chivilcoy no se convirtió de la noche a la mañana en una ciudad “inteligente”, ni falta que hace. Lo que se ve es algo más simple y quizás más interesante: una ciudad tradicional que va incorporando herramientas digitales a su propio ritmo, sin perder lo que la hace reconocible. El desafío de los próximos años será que ese cambio llegue a todos los vecinos, no solo a los que ya nacieron conectados.