El momento de la despedida se recuerda durante toda la vida por su trasfondo emocional por lo que crear una imagen que sea la que quieres recordar es importante también para el proceso del duelo.
La función de los rituales en la despedida
A lo largo de la historia, los rituales funerarios han servido como una herramienta para afrontar la pérdida. Desde la psicología, se entiende que estos actos ayudan a asumir la muerte, expresar emociones y recibir apoyo del entorno (Worden, 2009). Poder ver al ser querido en un estado cuidado puede facilitar una despedida más consciente y menos traumática.
La tanatopraxia, centrada en la conservación del cuerpo, y la tanatoestética, enfocada en su presentación, tienen un impacto que va más allá de lo técnico. Ofrecen a las familias una imagen que puede resultar reconfortante en un momento de gran dolor. Algunos estudios sugieren que este tipo de contacto puede favorecer la aceptación inicial de la pérdida (Castle & Phillips, 2003).
Cómo influye la preparación del fallecido en el duelo
El momento de la despedida suele ser uno de los más intensos dentro del proceso de duelo. La forma en que se percibe al fallecido puede influir en cómo se recuerda ese instante. Una imagen serena puede transmitir calma, mientras que lo contrario puede generar mayor angustia.
Desde el enfoque psicológico, las primeras experiencias tras la pérdida tienen un peso importante en la evolución del duelo. Un entorno cuidado y respetuoso puede ayudar a reducir el impacto emocional y favorecer una adaptación más saludable (Neimeyer, 2012). En este sentido, la labor de los profesionales funerarios adquiere una dimensión profundamente humana, especialmente en las primeras ocasiones que se deben afrontar estas situaciones con sus seres más queridos.
Además, el trabajo coordinado entre distintos profesionales permite ofrecer un acompañamiento más completo, respetando los tiempos y necesidades de cada familia.
El duelo no se vive únicamente a nivel individual. También está influido por factores sociales y culturales. En muchas sociedades actuales, la muerte se ha alejado del día a día, lo que puede dificultar su elaboración emocional. Sin embargo, recuperar espacios de despedida puede ser beneficioso para las personas en duelo.
El contacto con el fallecido, cuando se realiza en condiciones adecuadas, puede ayudar a mantener un vínculo simbólico y facilitar la comprensión de la pérdida. Esto resulta especialmente relevante en casos de muertes inesperadas (Rando, 1993), para dar tiempo a generar y procesar la situación de la pérdida repentina
Comprender las fases del duelo
Uno de los modelos más conocidos en psicología es el de las fases del duelo, propuesto por Kübler-Ross (1969). Este modelo incluye etapas como la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. No obstante, hoy se sabe que este proceso no sigue un orden fijo.
Cada persona afronta la pérdida de manera distinta. Factores como la relación con el fallecido o el apoyo social influyen en la vivencia del duelo. Modelos más recientes plantean que las personas alternan entre momentos de afrontamiento y de evitación (Stroebe & Schut, 1999).
Los enfoques más recientes entienden el duelo como un proceso flexible, donde no hay una única forma “correcta” de sentir o actuar. Cada persona es un mundo diferente por lo que tampoco debemos generalizar la forma de conllevar la situación.
El papel del acompañamiento humano
El acompañamiento durante el duelo no corresponde únicamente a psicólogos o terapeutas. Los profesionales funerarios también tienen un papel relevante. Su forma de actuar, su empatía y su capacidad de escucha pueden influir en la experiencia de las familias.
La formación actual en tanatopraxia incorpora cada vez más habilidades emocionales. Esto responde a la necesidad de ofrecer un servicio que tenga en cuenta no solo el aspecto técnico, sino también el humano.
Una mirada más humana hacia la muerte
Reflexionar sobre la muerte desde la psicología implica reconocer su impacto, pero también su dimensión humana. El duelo es un proceso complejo que puede transformarse con el tiempo.
La tanatopraxia y la tanatoestética contribuyen a generar un entorno más respetuoso para la despedida. En un momento de gran vulnerabilidad, estos cuidados permiten que las familias puedan centrarse en lo importante: despedirse y comenzar a adaptarse a la pérdida.
En definitiva, integrar lo técnico con lo emocional permite ofrecer una experiencia más completa y significativa.
Referencias
Castle, J., & Phillips, W. L. (2003). Grief rituals: Aspects that facilitate adjustment to bereavement. Journal of Loss and Trauma, 8(1), 41–71.
Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. Macmillan.
Neimeyer, R. A. (2012). Techniques of grief therapy. Routledge.
Rando, T. A. (1993). Treatment of complicated mourning. Research Press.
Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement. Death Studies, 23(3), 197–224.
Worden, J. W. (2009). Grief counseling and grief therapy. Springer Publishing Company.



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