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¿Sirve la terapia para restablecer la confianza en una relación de pareja?

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La falta de confianza en la pareja es una de las principales causas de separación. No le falta razón a este hecho ya que la confianza debe ser uno de los pilares fundamentales de cualquier tipo de relación interpersonal y más cuando se habla de compartir con otra persona una vida. Confiar es sinónimo de tranquilidad y estabilidad.

Una de las mayores, y justificada, causa de pérdida de confianza es la infidelidad ya que es una ruptura de ese compromiso personal adquirido con la pareja, sobre la cual se deposita unos sentimientos que se ven contradichos y engañados.

Algunos autores como Hall y Fincham (2006) definieron la infidelidad como un «una relación sexual, romántica o emocional que viola el compromiso exlusivo con la relación de pareja». En esta definición, el plano emocional tiene quizás el peso más importante porque es lo que realmente desencadena después los sentimientos de frustración derivados de la infidelidad. Es decir, la infidelidad no solo es tener una relación física finalizada, sino el simple hecho de mantener una relación emocional es en muchos casos mucho peor que el hecho físico en sí.

Efectos psicológicos de la infidelidad

Sufrir una infidelidad puede causar gran ansiedad y depresión en la persona que la descubre y una serie de reacciones cognitivas, conductuales y emocionales (Gordon y Baucom, 1999). Por tanto, acudir a un profesional de la psicología o el comportamiento humano puede servir de gran ayuda, ya que existen algunos beneficios de la terapia en pareja, tanto para reestablecer el equilibrio de la persona en sí, como para entender la situación y el proceso de duelo en caso de separación o incluso en algunos casos, dependiendo de la situación personal de la pareja, restablecer en cierto modo la confianza.

Efectos cognitivos. 

Cuando una persona es engañada, los pensamientos rumiativos sobre los sucedido intentan encontrar una explicación a algo que normalmente ha sido independiente a la persona en sí, ya que depende siempre de la otra y no de una misma. Estos pensamientos pueden llegar a ser incontrolables e interferir en la vida cotidiana de la persona, lo cual necesita de atención especializada en caso de ser necesario. Además, estas creencias irracionales pueden afectar a posteriori en relaciones futuras. La autoestima personal y el propio autoconcepto también se ven vulnerados considerablemente.

Efectos conductuales.

Las reacciones de agresividad de la persona traicionada puede generar situaciones violentas contra la pareja o contra la otra persona implicada en la infidelidad. Se suele producir una evitación inmediata de la persona y la separación, pero esto puede ser causa de problemas cuando la pareja tiene hijos a su cargo, por lo que se debe de tener precaución para evitar que los males de los adultos afecten a los niños. Tanto por los episodios violentos como por las separaciones no controladas. Otro tipo de conducta puede ser la hipervigilancia de la persona ya no con la pareja actual sino con las siguientes que pueda tener.

Efectos emocionales.

Esta es la parte más preocupante. El sufrimiento emocional es muy grande y aparecen sentimientos de angustia, rabia, frustración, ridículo, vergüenza, tristeza, depresión, incomprensión, etc. Son síntomas en muchos casos similares a los que sufren las personas que padecen trastornos por estrés potraumático: dificultades para dormir, irritabilidad, ira, hipervigilancia o incluso reacciones fisiológicas cuando nos encontramos ante situaciones que recuerden a esa infidelidad.

Evaluación de la infidelidad.

En 2005, los autores Hertlein, Wetchler y Piercy establecieron una guía para poder evaluar en cierto modo los diversos grados de la infidelidad en función de la gravedad y la importancia de lo ocurrido:

  1. Tiempo de la relación de infidelidad.
  2. Número de personas con las que se ha producido.
  3. El género u orientación sexual de la tercera persona.
  4. El nivel de actividad sexual mantenido.
  5. El nivel de vínculo emocional establecido.
  6. Si ambos miembros de la pareja han sido infieles o no en algún momento.
  7. La relación interpersonal con el tercero (si es alguien cercano o no).
  8. El alcance de las mentiras y los secretos empleados durante la infidelidad para no ser descubierto.
  9. Grado en el que se consentía o conocía la infidelidad.
  10. La tolerancia a la infidelidad por parte del entorno cercano de la persona.

Con todos estos datos, el terapeuta de pareja podrá hacerse una composición de lugar para poder ayudar a todas las partes implicadas.

Si tienes una relación, que parta de la base de la confianza y que sobre todo se sirva de la independencia de las personas que la forman para evitar dependencias emocionales que puedan ser responsables después de situaciones no controladas.

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Referencias. 

Gordon, C.K., Baucom, D.H. (1999). A Multitheoretical Intervention for Promoting Recovery From Extramarital Affairs. Clinical Psychology Science and Practice, Vol 6, 4, pp. 382-399

Hall, J.H., Fincham, F.D. (2006). Relationship Dissolution following infidelity: the roles of attributions and forgiveness. Florida State UniversityJournal of Social and Clinical Psychology, Vol. 25, No. 5, 2006, pp. 508-522

Hertlein K.M., Wetchler J.L. & Piercy, F.P. (2005). Infidelity, Journal of Couple & Relationship Therapy, 4:2-3, 5-16. 

Sobre el autor

Iván Pico

Graduado en Psicología (UNED). Nº Colegiado G-5480. Diplomado en Ciencias Empresariales (USC). Máster en Psicología del Trabajo y las Organizaciones. (INESEM). Máster Universitario Oficial en Orientación Profesional (UNED). Posgrado en Neuromarketing (Universidad Camilo José Cela). Técnico Deportivo Nivel II, fútbol sala (RFEF). Especialista en Psicología Aplicada al Deporte. Etc, etc...
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