Experimentos Social

►Obediencia y maldad: el experimento de Milgram

VIDEO ►Todos nos creemos buenas personas. Todos pensamos que no le haríamos daño a nadie pero, ¿estás seguro de que somos todos unos angelitos?. El psicólogo estadounidense Stanley Milgram (1933.-1984) no estaba seguro de ello y realizó un controvertido experimento para conocer el comportamiento humano ante las órdenes que ejercía un superior. Corría el año 1961 y los grandes genocidios cometidos por la Alemania nazi todavía estaban en el aire. ¿Los ejecutores de los disparos o los encargados de activar las cámaras de gas eran personas malvadas o solo seguían órdenes? ¿Hasta donde llega la maldad humana?

Para intentar darle una explicación psicológica ideó el ya conocido como:

Experimento de Milgram

¿En qué consistía?

Se reclutaron voluntarios para un hipotético estudio sobre memoria y aprendizaje, por el cual iban a ser remunerados económicamente todos los participantes y se les ocultó que en realidad iban a ser partícipes de una investigación de psicología social sobre la obediencia a la autoridad.

Para realizar el hipotético experimento de “memoria y aprendizaje” se requerían a tres personas simultáneas:

  • El experimentador: era el hipotético investigador de la universidad que realizaría el experimento y daría las órdenes, representa el papel de la autoridad.
  • El alumno: este fue un actor, cómplice del experimentador, que se hacía pasar por participante del experimento.
  • El maestro: que sería la persona que intentaría que al alumno aprendiese tras las instrucciones del experimentador.

Para “sortear” los puestos de alumno y maestro se hizo coger un papel, el actor cómplice coge su papel indicando que le ha tocado el rol de alumno con lo que al voluntario no le queda más remedio que realizar el papel de maestro.

Se separó a las personas en dos habitaciones diferentes sin que se pudiesen ver, solo escuchar. En una de ellas estaba el “alumno” y en la otra el maestro y el experimentador. En presencia del maestro, se ata al “alumno” a una especie de silla eléctrica que reducía su movilidad y conectado a unos electrodos con una “crema para evitar quemaduras” y se le indica que las descargas pueden ser muy dolorosas pero que no provocarían daños irreversibles. Cada fallo a las preguntas del maestro darían lugar a una descarga progresiva.

Para comprobar que las descargas funcionan e imprimen dolor se infringe una descarga de 45 voltios tanto al “alumno” como al maestro. De esta manera el maestro sabía de primera mano lo que suponía cada descarga eléctrica.

Posteriormente, se deja al “alumno” en uno de las habitaciones ya preparado y el maestro y experimentador pasan al otro módulo. Aquí es donde el maestro recibe una serie de palabras que ha de enseñar al “alumno” por orden del experimentador. Para ello el maestro le lee una lista de palabras para que memorice y posteriormente recuerde correctamente tras una serie de opciones que se le ofrecen. Debería pulsar un botón del 1 al 4 para indicar la palabra correcta. Si la respuesta es incorrecta el “alumno” recibiría una descarga eléctrica que comenzaría con 15 voltios e iría ascendiendo hasta los 450 voltios progresivamente a medida que acumula fallos.

El maestro piensa realmente que infringe descargas sobre el “alumno” cuando en realidad es una simulación y como buen actor representará los efectos de las sucesivas descargas, quejándose cada vez más por el excesivo dolor: gritando, dando golpes a la pared hasta pidiendo la finalización del experimento y agonizando (270 voltios) e incluso dejando de responder a las preguntas (300 voltios).

La autoridad del experimentador consiguió que la mayoría de los maestros alcanzarán los 75 voltios a pesar de su nerviosismo. Al llegar a los 135 voltios algunos de ellos no quisieron continuar con el experimento pero otros muchos continuaron asegurando que no se harían responsables de lo que le pudiese pasar al “alumno”.

Cuando los maestros le pedían al experimentador no continuar éste les indicaba que debían continuar mediante 4 frases imperativas consecutivas para cada vez que lo pedían:

  1. Continúe, por favor.
  2. El experimento requiere que usted continúe.
  3. Es absolutamente esencial que usted continúe.
  4. Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.

Solo si tras la cuarta frase el maestro no quería continuar se pararía el experimento. En caso contrario se continuaría hasta los 450 voltios.

Se inició el mismo proceso para los 40 voluntarios.

Milgram estimó que el promedio de descarga máxima rondaría los 130 voltios y que el voltaje máximo solo lo aplicarían las mentes sádicas pero… ¿estuvo en lo cierto?

Resultados

  • El 65% de los voluntarios aplicaron el voltaje máximo, aunque muchos en una situación de extrema incomodidad.
  • Ningún participante se paró hasta el nivel de los 300 voltios.

Y tú… ¿qué harías?

Milgram elaboró dos teoría psicosociales tras este experimento:

Teoría de la cosificación: una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos (militares que ejecutan órdenes).

Teoría del conformismo:  un sujeto que no tiene la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones transferirá la toma de decisiones al grupo (el maestro entendía que el experimentador sabía lo que hacía y le traspasó su responsabilidad).

En este video puedes ver una versión más reciente del estudio de Milgram pero con prácticamente los mismos resultados. ¡Inquietante!

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Sobre el autor

Iván Pico

Graduado en Psicología (UNED). Nº Colegiado G-5480. Diplomado en Ciencias Empresariales (USC). Máster en Psicología del Trabajo y las Organizaciones. (INESEM). Máster Universitario Oficial en Orientación Profesional (UNED - cursando). Posgrado en Neuromarketing (Universidad Camilo José Cela). Técnico Deportivo Nivel II, fútbol sala (RFEF). Especialista en Psicología Aplicada al Deporte. Etc, etc...Ver Página personal de Linkedin para información adicional.

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